Kinbaku: “Estrepitoso”

Estrepitoso

Besaría.

besaría parpado idea,

parpado entre sí,

simultáneamente

desmesuradamente. ..

Entonces;

besaría sin apuro,

alternando,

intermitentemente,

estrepitosamente,

Besaría sin respiro inmediato,

sin anhelo.

Besaría porque sí,

porque se me da la gana.

Besaría en la comisura del epitelio de tus labios.

besaría ahí, donde se bifurcan los caminos.

besaría sosteniendo tu cerebro

besaría con asentimiento

besaría sin besar

besaría con los ojos hacia dentro…

Kinbaku: “Su rostro se volvía cada vez más gris”

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Su rostro se volvía cada vez más gris. Yo la miraba, me asustaba y la volvía a mirar. Sus ojos se cerraban, pero aun no dejaba de respirar. Sí, respiraba, pero su corazón ya casi dejaba de latir. Cada vez más lento. Su mirada se dirigía hacia mí, o eso pretendía. Sus ojos vagaban por toda la inmensidad de la estratosfera. De a poco iba pestañando hasta desvanecer sus párpados y finalmente apagarse. 

Sobre ella no tengo mucho que decir, la conocía hace una hora y algo. No me dijo su nombre. No creo que ese haya sido su verdadero nombre. Jamás había conocido a alguien llamada Lupita. 

Luego de asesinarla producto de una asfixia, la desnudo completamente para calmar mi ansiedad. Sujeto la afilada tijera y procedo a cortar su ropa. Obvio que las prendas superiores primero, lo mejor para el final. Lo voy cortando lentamente y sigo hacia abajo. Corto sus pantalones, los mismos que intentaba sacarle mientras se resistía. Tonta. Ahora ella está muerta, pero mejor para mí. Me entusiasmo y comienzo a cortar su piel virginal. Me excito, se me para el pico y decido desgarrar su vientre y meterlo por sus intestinos. En este momento no necesito distracciones. Siento cómo mi pico avanza por esos finos músculos y termino eyaculando. Hasta logro ver a través del corte en su vientre el brillante y mocoso semen. 

Sigo cortando su puto cuerpo hasta llegar a su zorra. Me detengo un momento. Sonriendo veo mis manos tapizadas en sangre y decido dirigirme hacia el baño. Al verme al espejo veo a un hombre limpio. Mis manos ensangrentadas se enfurecen y de un puñetazo compen el fino cristal y de sus restos, escojo algunas fracciones perfectamente puntiagudas. 

Camino hacia la habitación del motel. Mis manos ensangrentadas caminan junto a mí, la sangre de una mujer felizmente hecha cadáver. Un cadáver para mí.

Su virginidad me entorpeció en todo momento. Me enojo y decido perforar, con un afilado pedazo de espejo, su vagina muerta. El frágil, pero duro himen se desgarra ante la inevitable pasada del filo victorioso. Sonrío, me gusta lo que veo. Esta es mi victoria, una más. Se me cae la baba y la paso a llevar con mi lengua y continúo apuñalando vaginalmente a mi chica. Digo mi chica porque yo la maté. Me pertenece.

Termino retirando ese vidrio y lamiéndolo me corto la lengua. Me da vergüenza reconocer que soy uan persona apasionada, un hombre con sentimientos y un poco impulsivo tal vez. Quizás ni lo uno ni lo otro. Tal vez sea alguien que sólo quiso cumplir un deseo que tenía desde que tan sólo era un niño. Un joven. Recuerdo que cuando tenía catorce años, ya todos mis amigos se habían acostado y la sexualidad había envuelto sus vidas. Nunca fue mi caso y por eso he sido el rechazado. El que siempre se sentó solo en la micro. El que escogían al último en las pichangas de recreo. Ahora quién tiene a Lupita? 

Eran las 2 de la mañana y yo entré al local en donde nos reuniríamos con mis colegas profesores. No alcancé a sentarme caundo ya tenía sus ojos penetrando mi cuerpo. Me miró. «Hola, qué deseas beber?» Depende de lo que tengas para ofrecerme, le contesté cocorocamente,virginalmente, aburridamente. Luego de unos segundos:«Ok, cuando te decidas me avisas.» No lo dudes. Le respondí y se fue. 

Mis colegas profesores habían pedido una pichanga a la que también terminé sumándome con gusto. Recuerdo que acostumbraba comer pichangas junto a mi padre en Chiloé. Sin embargo, las pichangas de la gran capital no tienen nada que ver con las de allá. Las extraño. 

Pasa un rato y al cabo de unas copas, o bastantes copas en realidad, decido ir al baño a orinar. Siempre me pongo paranoico cuando bebo. No sé por qué, pero agarré un cuchillo carnicero que se hallaba en la barra de aquel local de vírgenes con piernas descubiertas. Nadie se dio cuenta de eso. Nadi elo notó. Soy un fantasma. Al final soy sólo el mismo que he sido siempre. ¿Nadie quería jugar conmigo? ¿No quisieron aprobarme en los ramos de práctica? Ahora yo tengo el cuchillo afilado, y el carnicero también. Yo mando. 

Me dirijo al baño. Me topo con lupita. Le tapo la boca. Le pongo el cuchillo en el cuello. Le digo que no grite. Le digo que ya me decidí lo que quiero beber: Su sangre. Le amarro las manos con mi corbata. Nos vamos. La subo al auto. La llevo al motel. Pido una habitación. Lupita muestra interés en mí. O eso pretende. Decide escapar. La agarro por el pelo. La sujeto entre mis brazos. Le rodeo el cuello con mis largos dedos de pianista o ratero. La asfixio. La asfixio. La asfixio. La asfixio. La asfixio…

Al fin y al cabo no era más que una puta sagrada o una virgen barata, pero que yo deseaba ansiosamente conocer para envolver esa desconocida sexualidad en mi vida. 

 

– Alvaro Montiel Grez
Paganismo Ediciones
Diciembre, 2011

Kinbaku busca escritores!

Para todos aquellos que les guste escribir, estoy buscando gente para colaborar con mi proyecto KINBAKU. 

Lo que necesito es un pequeño cuento erótico para acompañar las fotografías, como está en las fotografías anteriores. A todo interesado puede enviar su historia a camikinbaku@gmail.com y agregar el pseudónimo o nombre bajo el que quiera que esté firmado el texto.

 

Saludos! 

Kinbaku: “La cosa se daba bien simple.”

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La cosa se daba bien simple; levantarse de la cama de sábanas sudadas, echar un vistazo a la habitación donde con algo de esfuerzo se podía reconocer un piano vertical y un escritorio con un computador bajo pelotones de ropa usada y pañuelos húmedos y echar el paso a la puerta sin más rodeo puesto que la ropa necesaria la vestía de quien sabe cuando.

Antes que el cielo que se ofrecía gris a eso como las 11 de la mañana vio su celular y revisó el mensaje que, encabezado por ‘’Ven. Estoy sola’’, tenia por contenido ‘’y caliente’’ como para infundir aun mas expectativa al aire, acción a la que respondió con un temblor generalizado y una sonrisa radiante al tiempo que aceleraba el paso.

Y en eso andaba con la mirada perdida cuando calle abajo avista a una fémina de morena tez portadora de dos frutos enormes que se dibujaban agresivos sobre la holgada polera. Probablemente – se dice – no lleve sostén alguno bajo esa polera ni sobre esas ubres, ello explicaría perfectamente el porque se agitan de forma tan sugestiva y por que pareciera poder acariciarlas con la vista misma. En eso se imagina sosteniéndolas sobre sus manos alargadas, primero, cubiertas por la polera, tanteándolas a través de la suavidad del algodón y sintiendo un atisbo de la suavidad de su piel desnuda y, luego, con la polera subida, exponiéndose gloriosas y atrevidas, flores de exuberante belleza coronadas por un monte rosado y su aureola en un relieve ahora muy marcado. Compara entonces ambas sensaciones, acariciándola sobre la polera y sin ella, aunque en ambos casos sin que el sostén interfiera. Decide que la sensación de acariciar senos desnudos a través de una polera resulta mucho mas excitante, en principio por el hecho de sentir ya la forma de manera destacada y no menos importante aun por el hecho de no exponerlo tan secamente, estableciendo una barrera que no resulta estorbo como lo es un sostén, sino que hasta potencia el estimulo del tacto con una suavidad añadida.

El sostén solo para la vista, encajes y todo lo demás, después de todo a la hora de la verdad son duros y además un estorbo que ralentiza o detiene el amoroso suceso demandando el esfuerzo del hombre para retirarlo y que normalmente termina con la mujer sacándoselo de mala gana, puesto que pareciera que con ellas cede más fácil. Una mierda.

Pero estas, estas están desnudas bajo una polera, agitándose y rebotando como la carne lo hace. Vaya tamaño. Recordaba entonces cuando en fiestas ocasionales o reuniones mas o menos a intervalos regulares se encontraba, ya en pleno desarrollo de esta, agotado y echado sobre un sofá contemplando la nada y con un vaso de vodka en la mano cuando dos amigas suyas, infaltables en situaciones de esta índole, se sentaban a su lado, exponiendo sus frutos monstruosos ante sus ojos, lo que lo sacaba de su sopor de inmediato, y luego molestándolo sabiendo su cualidad de fiel o mas bien comprometido o incluso idiota destructor de oportunidades procedían a acariciarse los senos lanzando suspiros y erectándose los pezones como si no quisieran la cosa, sin siquiera mirarlo a los ojos, tan solo para tentarlo, y él sentía que se le apretaba el pantalón en la entrepierna y desviaba la vista un segundo para comprobar que, en efecto, la sangre afluía inevitablemente a su pene y las zorras continuaban con su mueve y agita de tetas que ni en sus manos le caben y entonces sintiendo que las manos le sudan y el cuello le suda y el pene le estalla se para escuchando las risas y gemidos de esas dos ninfas putas modernas que echan vapores y alcohol y corre al baño a echarse una paja y problema fuera, vuelve a la fiesta.

Una lástima, dos cerezas frente a dos sandias repletas de agua es los que resultan los senos de su flaca comparados con los de las vacas nocturnas o esa vaca callejera que pasa ahora frente a él y que parece ya muy obvia su mirada; le ve la cara y nota el reproche y la vergüenza, pobrecita, debe sentirse acomplejada de sus dotes cuando debiese explotarlos, entregarlos y entregarse y morir en una cama que destile sudor y semen y hombres extasiados con los atributos que expone y, de repente, la mirada de nuevo que putamadre por el remordimiento y luego putamadre nuevamente cuando vuelve a la comparación de dotes, donde su polola, la Claudia, la flaca de las guindas pierde y muere aplastada por la carne monstruosa que deja tras si un hálito a leche cálida y grasa.

Ya no tan animado sigue su camino con la cabeza un tanto inclinada hacia el suelo y gira a mano derecha para comenzar a bordear el parque donde se ven parejas de mendigos, oficinistas, ancianos y también, cosa rara a esta hora, una pareja de hombres que se sostienen por la mano. Nunca he sido hombre de prejuicios, después de todo toma mujer tiene cara de hombre, solo nos separan las tetas y la hendidura, ni siquiera el bigote ya, pensamiento que echa a rodar y lo lleva hacia las mujeres con falo, con una vara que muchas veces excede el tamaño del hombre promedio y que a veces elevan hacia el cielo para realizarse una paja rusa con sus propios senos colgantes, cosa que le recuerda a los tipos que se sacan costillas o que nacen con el don de doblarse lo suficiente para hacerse oral a ellos mismos, pero vuelve a las mujeres con pene que violentan hombres por el recto, mujeres que se implantan varas y hombres que se implantan tetas, todo transexualismo por estos lares y que siempre termina en dos senos y un trozo, la sensualidad femenina brutalizada por el vigor masculino y todo en el mismo cuerpo, una divinidad erótica terrible y quimérica que guía orgias con su pene y alimenta deseos con sus tetas, el mundo revolcándose en fluidos corporales, carne sobre todo, carne fundiéndose sobre otra, todo orificio tapado, ninguna apertura que sugiera individualidad, un solo cuerpo latiente y excitable y expelente de toda clase de líquidos y olores que se entremezclan en una sola y ultima materia.

En eso ve que los dos homosexuales le echan una mirada de los pies hasta la cabeza y se sonríen e intercambian palabras, después de todo estoy bastante potable se dice dándose ánimos. Imagina que llegarán al apartamento de alguno y que luego de un besuqueo desesperado procederán a desvestirse y encularse, en lo que se los imagina parados, uno penetrando analmente a su pareja y el segundo sintiendo que le rompen el esfínter y con la vara erguida sin orificio que llenar, cosa que le resulta en extremo triste y que casi lo sume en la depresión ese pene erecto y solitario que luego probablemente sea cubierto en un acto inútil y vergonzoso por una mano que lo recorrerá repetidas veces hasta que evacuen ambos o cambien de posición. Una solución es lo que se necesita; obviamente dos hombres no se bastan, piensa en una estructura circular, un circulo formado por hombres, así como hay orgias donde se hace un tren de enculamiento que tal un circulo cerrado y autosustentable donde ninguna vara tenga que verse en la situación de no poseer ano alguno. Calcula entonces estableciendo un promedio de largo de verga, ángulo de rotación y doblez de esta junto con el área de movimiento y decide que el número de hombres necesarios para realizar el círculo perfecto debiese fluctuar entre 8, 9 hombres con un miembro de 17 cms de largo y capacidad de doblez de un ángulo de 45º aprox.

Una idea espectacular, digna de alabarse y de establecerse como protocolo guía de estos actos sexuales.

En fin que alcanza el metro y anda el viaje punteando señoras y secretarias y estudiantes con minifaldas y estudiantes con jumper e incluso a una anciana, cosa que hizo primero divertido y que luego le dio asco por eso de la piel arrugada húmeda y peluda, saco de putrefacción, hasta llegar a la estación requerida.Se planta ante la reja que protege la casa de su amada y saca un calzón usado que de ella guarda en el bolso para olerlo a todo pulmón y darse ánimos antes de entrar con llave propia puesto que alguna copia recibió de ella. Cruza el salón y se percata de inmediato del aroma caliente, a felina acechante que reina por la casa. Se guía escuchando atentamente la respiración agitada y adelanta un brazo para mover la puerta que deja al descubierto sobre una cama generosa a Claudia con un vestido morado con encaje y transparencias como única prenda, situación que lleva a que su figura se marque sobre esta, sobre todo los huesos de las costillas y unos pequeños montículos de piel blanca, blanquísima, diría casi pura o virgen pero puta que he hecho trizas a esta china se dice jugándose huaso y sus ojos tremendos por efecto del delineador y del deseo que crece y crece esperando el salto y cuando lo da ya están revolcándose ambos por la cama infinita, el besuqueándola casi arrancándole los labios (los de la boca) y tratando, en vano, de agarrar el poto que no posee y sosteniendo por ende el puro hueso, ella metiéndole la lengua hasta la laringe y contentándose un poco con las nalgas tamaño medio que tiene y la musculatura no excesivamente marcada que exhibe en el pecho y los brazos con la otra mano.

Como por acción de un director invisible, la ropa va deshaciéndose sobre sus cuerpos lo que pronto los deja desnudos y dispuestos al amoroso acto. Se levanta entonces ella y del ropero saca un polerón ensangrentado que dispone sobre la cama. -El que usamos en tus periodos – dice el- Así es- con un tono sugestivo y una sonrisa perversaLa historia del polerón resulta un tanto curiosa. En sus comienzos de pareja cuando hacían el amor saliendo de clases tocaba prácticamente que siempre que la casa se prestaba vacía para ello ella sangraba y adolecía por el vientre (luego se descubrió que esto era deliberado por la madre de Claudia), lo que en forma alguna era impedimento para ellos puesto que como solución practica decidieron poner el polerón de 4ºmedio de el sobre el plumón, polerón que el le prestaba a Claudia y con el cual se masturbaba puesto en las noches pensando en el o algún amigo o compañera, y así no ensuciar la cama sino esa porquería que enunciaba nombres de gente que el odiaba, compañeros pelotudos y fracasados hijosdeputa que se regocijaba cuando entre penetra y penetra manchaba a rulo y a pelao y a negro y a cuarenta mas con la sangre que manaba de esa hembra jadeante y luego ella reía y le decía pene vampiro a esa verga con sangre ajena en su cuerpo y glande y el reía también y luego se limpiaba. Eso en un comienzo.

Luego ese polerón fue símbolo de sus encuentros y la sola vista de el los excitaba a ambos cuando evocaba sus encuentros pasados y que explica el motivo de porque lo deposita ahora sin necesidad puesto que de su vagina solo mana ‘’juguito de amor’’, ese que hace la penetración tan fácil y amena. La deposita tomándola por la cintura sobre esa costra roja que es el polerón y en mordisqueo de cuellos proceden a la mutua masturbación donde ella le estruja el miembro en crecimiento y las bolas con la otra mano y el le introduce un dedo en la vulva, luego dos y nota que respira un poco mas fuerte, tres y siente que sus contracciones aumentan en fuerza, cuatro y cree que ya la tiene cuando oye sus gemidos, mueve el quinto para introducirlo y entonces ella para y lo encara y le pregunta que chucha te pasa con una rabia que le hace notar a el que el sueño de meterle el puño entero no se realizara, no hoy al menos. Luego ella se pone cariñosa y sosteniendo las presas de su amado procede a chuparle la verga son succión moderada y con movimiento de lengua mas bien pausado, ante lo que el apenas se inmuta y parece mas bien indiferente. Nota como su entrepierne le empieza a escurrir cada vez mas y empieza a succionar mas fuerte y a usar mas lengua y mas rápido y entonces el le agarra el pelo y luego el cuello y casi la estrangula y se mueve atrás y adelante cada vez as brutamente y su cabeza enrojece por falta de oxigeno y excitación y cada vez mas, un crescendo monumental que se ve interrumpido cuando por razones extremadamente comprensibles ella vomita sobre su pelvis y verga y el la putea mientras ella corre desnuda al baño y se limpia la boca y luego limpia su verga con pena y resignación ante el enojo de este que luego se torna en comprensión que lo hice muy fuerte y era muy profundo y que no es tu culpa y termina en un abrazo amoroso y tierno que luego se desenvuelve en un acto lento y espeso, denso de calor y fricciones epidérmicas y entonces ella toma su gran verga y la dirige a su vagina y entonces el la introduce de tirón y ella apaga un grito tímidamente y aprieta sus parpados y siente como ese trozo de carne se extiende por sus paredes interiores y las dilata y frota con una persistencia mas o menos regular mientras el se sostiene sobre sus dos brazos sobre ella y nota extrañado, será por la extrema blancura de su piel o la luz que sobre ella se proyecta, que su miembro se trasluce a través de su vientre, por lo que ve una sombra que se acorta y alarga a intervalos proyectada sobre ella como si bajo su piel un foco iluminase contra su verga. La visión de la sombra folladora lo excita a niveles insospechados y consecuencia de ello sus embestidas se vuelven tan brutales que Claudia ida por el dolor y el placer se echa la almohada a la cara sin dar mucho resultado, por lo que luego prueba con morderse el brazo hasta la sangre que luego chorrea imparable sobre la ya formada costra del polerón.

En eso el gato, que atraído por los alaridos de su dueña se había quedado contemplando a la pareja desde un rincón procedió a acercarse y subir a la cama para establecerse detrás de Claudia, sin sospechar que él no pudiendo resistir mas iba a extraer su miembro ardiente como fierro en taller de herrero e iba a proceder con malicia a correrse encima del cuerpo de su amante quien, habiendo abierto la boca para expulsar un gemido meritorio del orgasmo unísono que se extendía por toda su red nerviosa, temblándole las piernas, temblándole los labios (los seis), temblándole el tronco y temblándole también ese clítoris que exhibía el tamaño de un pulgar y el al cual él se refería como pene subdesarrollado iba a recibir una buena dosis de ese liquido desabrido y vomitivo que también roció al gato quien salió espantado de la habitación en el acto. Claudia entonces que a veces reaccionaba irascible y otras divertida frente a este atrevimiento, opto por lo segundo y se puso a reir descontroladamente hasta que se atraganto con el semen y luego rio mas y por esto le salió por la nariz, abraso a su amor en tierno abrazo, con segunda intención de traspasarle un poco de leche a su pecho descubierto y le planto luego un beso en el cual con la lengua le traspaso la mezcla espesa que tenía en la boca. No pudo este evitar las ganas de vomitar y corrió al baño para hacerlo sin gran drama mientras escuchaba que desde la cama le decían: -Te amo tanto Andrés.

                                                                                                                             – M.

Kinbaku: “Pianissimo”

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“Mientras tus manos se posaban en cada nota, haciendo de ellas música, mi cuerpo se estremece si esas mismas manos se posan sobre mí. Ya no puedo mover las manos, mientras se posan en mí las tuyas, recorres mi cuerpo, la canción que haces sonar me hace sentir el calor de tu abrazo aún si estás sentado allá y yo tirada acá. Ya no me puedo mover demasiado y tú extasiado cierras los ojos en el clímax de la composición, veo tus dedos moverse tan rápido y delicado como cuando los pones dentro de mí. Cada cuerda está firme y me aprieta como el beso de tus labios, como tus ojos cerrados, cada vez más fuerte como la última nota que presionas y siento cómo te vas dentro de mí, cómo llega el orgasmo, cómo se acaba la canción, un preludio de nosotros, suave, muy suave. “

Kinbaku: ♥

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“Quiero salir de ese mundo. Ese mundo en el que saboreo de tus besos un aroma a cerveza y sexo infinito que siento en todo el cuerpo, que todos los días me hace sentir el calor de la cama contigo al lado, de la cama tibia y la almohada ocupada. Quiero escapar y salir corriendo de todas esas noches que siento tu aliento cerca mío al dormir, del beso que me despierta, de las llamadas que me alientan a seguir en este lugar donde estás tú para mí.

Ese mundo en el que puedo con mi nariz acariciar tu cabello y perderme en un abrazo de tus manos que recorren mi cuerpo de arriba hacia abajo como si yo me fuera ahora y no volviera jamás.

Pero no soy yo la que se va.

Las mañanas siguientes son siempre, siempre almohadas vacías y camas heladas, el despertar es una llamada, vestirse y salir. Contigo el amor es como una taza de té vacía, como el concho de hoja que queda al final. “

-C